viernes, 11 de mayo de 2012

Hombre del tiempo

Hay un aire extraño en las amistades de siempre,

como sopla un muchacho las velas de una tarta,

algo que se parece al final de un cumpleaños

arrasado por serpentinas y sudores infantiles.

A veces suelen traer sensaciones placenteras

como un frío a media tarde invertebrado,

como un cañón buscando la batalla,

como parece que se comen a puñados los sueños.

Los diarios a la intemperie trasladan vidas

que se despeñan desde balconadas de caricias

y hay recortes de bomberos.

El tránsito hacia los tiempos venideros ya ha pasado,

igual que la medialuna en un banquete no aspira

a un cielo, pero suelen los míos acariciar

mi mano por un rato y que todo está en su sitio

me susurran. Hay sin embargo aire extraño

en las tuberías de ventilación de los desiertos,

como sopla un muchacho las velas de una tarta

el hombre del tiempo cierra la programación

a altas horas de la madrugada.

jueves, 10 de mayo de 2012

Hay rutas

Hay  rutas que llevan a una manzana. Las hay que se desvían en los tiempos muertos de un delfín, de una foca entre paredes; caminos hacia lo perecedero y lo claroscuro. Hay rutas que invitan a la lucha, como hay caminos que no encuentran la puerta de un deseo alienado. Hay rutas gastronómicas y lingüísticas, y las hay con peajes sobrevalorados. Hay rutas sin arcenes y con la señal de prohibido el paso en la primera curva. Hay rutas de candilejas y oficinas, de asuntos privados y sendas en bancarrota. Hay rutas que llevan a tus ojos en el preciso instante en que todo sobra y el desierto permanece.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Es ridícula la fibra sensible de los ladrillos desechos,
la vida eterna a la que aspira una ventana,

los marcos de las puertas que temen a la muerte

ya no son lo que eran.

… y esas arrolladoras desmesuras de tus ojos en la noche…

fijando cimientos que invitan al sosiego.

martes, 8 de mayo de 2012

Sin Dylan

Esos días en que tendrás que parar el tiempo


sabes que llegarán cuando menos te lo esperes,

quizá entre los secos maizales ante la ventana,

de todas formas lo mismo da la hora o la posición

de un sol de extrarradio. Esos días que tendrás

que pisar el freno porque puede que te estrelles

y sea tarde. Esos días sin Dylan pero estando vivo

dará lo mismo, esos días de obras entre

aceras de recuerdos que rebosarán los pantanos

en plena sequía. Esos días sin Dylan, si Dylan

esos días resultarán plomizos, y sin tus ojos

cegados por mareas de habitaciones separadas.

Esos días de la ternura de un vaso vacío,

tocadiscos rayando los muebles y la salita donde suenas

abandonada a mi suerte. Esos días sin Dylan

recuerdan un futuro que nadie se merece.

viernes, 4 de mayo de 2012

Truenan los dichos románticos

A Sergio.

Suenas todas las tonadas de un océano desperezado

entre las sábanas de un delfín de fósforo.

Derroteros de una mañana sin horas entre el cemento

de unos brazos en plásticos abrazados, como puede

el hombre ahora y siempre dormir a la intemperie

de un sueño. Si hay teclas de sollozos de colores

déjame que suene el do, el re, el sol de los ausentes,

el temprano café de una madrugada que resultó

ser de alguien que siempre odiaba las luces

que no cesan. Son femeninos o masculinos

los brotes de alergia ahora que no llueve, que secos

se quedan las hojitas de mi hijo, o las guarderías

sin paredes ni ventanas. Se despeña la botella

de agua mineral entre barrotes que lo ocultan

todo, pero es sed lo que ahora veo y los ecos,

y las muertes, y el romanticismo culo contra culo,

senos deformes amamantando trocitos de cristal

desperdigados, las aceras están sucias y no hay barrenderos

capaces de ocultar las estrellas en los charcos.

Y te resulta extraño que odie a los animales y ladre

como un perro, que acaricie las patitas de Lytton y recueste

mi barba de tres días en los marcos de las puertas.

Y resulta también que no hay guerra capaz de defender

una frontera de la carne, ni desaparición que no exceda

del tiempo establecido. Todo eso de un viaje interminable

ya se acaba, todo eso de las botas

entre el barro va tocando la campana de un iglesia,

y hay escalofrío y también belleza, y también el musgo

entre los dientes de las ranas, hay en serio todo eso que

un día resultó lo único. Como carretas sin ruedas

se marcan los caminos, suelen las fondas alumbrar

con rabia los arcenes clandestinos del fuego de una hoguera,

el fuego de un vaso vacío, hay flores del mal

sin tiestos en las terrazas. Resulta igualmente extraño

el vuelo de la baba, el buceo de la sangre y el naturalismo

de los libros que dan asco.

Podríamos seguir con esta descripción de este amor que no declina,

de un nuevo mundo ante tus ojos,

como los rejos y las hayas, como los robles en un bosque

de peleas por el verso y el acento.

Resulta todo aquello que se fue quedando entre papeles,

océanos de espermas y pieles resecas por el uso,

baladas entre penumbras que roban los brillos de la noche.

jueves, 3 de mayo de 2012

Sin título

Los poemas de amor son como los muertos sin terreno,

como un jardinero sin hierbas devuelven los afectos,

poemas de amor en calma, como los pelos de una nariz

que congenian con mocos resecos que no dan asco.

Son así de ingratos los poemas de amor de las afueras,

como un pedazo de pastel tras el empacho de esta

clase media que hoy se derrumba entre monarcas.

Los poemas de amor son como los muertos sin terreno,

echando de menos el hogar de los vencidos.