jueves, 28 de octubre de 2010

Reconstrucción (XIII)

A los dogmáticos de corazón

Se lee siempre en la búsqueda de la verdad y de la mentira, de la verdad que puede ser mentira y de la mentira que quizá sea verdad. Siempre inspeccionando los mundos que se ofrecen, plagados de matices. Con la mente abierta y la moral vacía se lee.

Se lee algo más que la superficie, se indaga en las estructuras, en los lazos oracionales, en la intención en la selección semántica, como exploradores en un lugar virgen del estilo a niñas japonesas de no más de 13 años. Se lee pero no se respeta la virtud del texto, muy al contrario, se han de desgarrar sus atuendos, arañar su interior y dejarlo después tirado en la cuneta del bagaje literario.

Se lee desde la crítica, que no desde el criticar lo leído. La aproximación debe de ser agresiva, nunca indolente y siempre certera. Despojándose de todo concepto anterior.

Se lee igual que la moral actúa cuando su mente no se abre, esto es, a la desesperada sembrando el terror en cada una de sus huellas.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Horizonte Ceniza (XXXVII)

Uno se suicida con los actos, y asesina con lecciones de moral.

Reconstrucción (XII)

Se dejan en los autobuses haciendo gestos de despedida con las manos. Los deditos que aun pasando frío no sueltan las mochilas cargadas de víveres y recuerdos. El alboroto de lo desconocido, quizá del definitivo abrazo que incluso olvidará cuando el tiempo pase.

Se dejan en los autobuses las autoestimas y el trabajo, los prejuicios y los traumas mientras arranca el motor sin contemplaciones de ningún tipo. Mirando los rostros el soleado cielo ensombrece el frío de la tarde.

Se dejan en los autobuses lo que las lecciones de moral no pueden profanar, esto es, el idealismo de unos chicos de provincias que todavía se atreven a creer en el cambio lento de la vida, a base de dosis de suicidas iniciativas.

martes, 26 de octubre de 2010

Reconstrucción (XI)

Se miran las estrellas tumbado boca arriba, acariciándose el ombligo, pasando algo de frío si la noche se encapricha, en definitiva, abiertas las piernas y la mente.

Se miran para no darse cuenta de las implicaciones de las mariposas en las entrañas que pueden condicionar los pasos. Se miran en la soledad que invita a demasiadas cosas, a fuentes escupiendo el agua de los días.

Se miran las estrellas y si uno consigue ver el cielo es cuando el camino se despeja, en los astros descansan entonces los márgenes de las páginas en blanco.

Reconstrucción (X)

Se pierde y es mejor no pronunciar palabras que dificulten el proceso. Primero suelen venir las calificaciones innecesarias, para luego desenfundar los miedos a lo desconocido.

Se pierde entre mecedoras de antaño y fuertes insultos que nadie pronuncia pero todos acaban oyendo. En las riendas de los caballos, en los desperdicios en las basuras y en algún que otro texto artístico (o aspirante a artístico) se encuentra la pérdida, acurrucada, muerta de asco, con el horizonte final de la derrota pegado a la sien.

Se pierde asumiendo con la dignidad suficiente lo que implica, esto es, que el camino no se ha de volver a recorrer en su totalidad, y sin embargo, las hormas del calzado se desgastarán como las horas últimas de la noche.

lunes, 25 de octubre de 2010

Horizonte Ceniza (XXXVI)

Cuando ya no queda nada, quedan las cenizas.