domingo, 22 de julio de 2012

Diario de un cubo de basura


Son fines de semana arrolladores. Sabes que no vuelve el avión que despega hacia un nuevo destino. Vuelve siendo otro, distinto engendro metálico con las almas también diferentes. Eso es este verano. Algo de magia sin circo, alturas sin atracciones, feriantes sin caravanas. Pero escucha, hoy ha sido un día de familia, la negra seria y risueña, aceite y agua. El ruso es de otro planeta, un quinqui que rezuma pulpa de vitaminas renovadas. No pienso ponerme melancólico a estas horas, sabes que no conviene una tensión alta sin venas.
Déjame que recuerde como fue el día. Nos levantamos temprano, sin mucho más ánimo que felicitar a la tía por su santo, pues hoy es Santa Magdalena. Después de la comida, paseamos por el puerto, por las alamedas y por las casetas de madera que indican que algo se está celebrando. La negra y el ruso se quieren pero se incordian, se dicen cosas que luego el viento se lleva, son críos y el camino es largo. A veces pienso que hay trenes en la noche cuando la noche no existe.

Diario de un cubo de basura


La foto del gorila y el guarda forestal me ha dejado un poco aplanado. Los abandonos tienen muchas caras. El gorila abraza al funcionario con la tristeza de saberse solo entre la maleza. La foto demuestra que no hay necesidades asociadas a la especie para buscar refugio, que la tormenta cala a todos por igual, que el cabello se seca cuando el diluvio pasa. Sentado en la terraza, mientras el ruso y la negra duermen en su cuarto, un escalofrío me ha dejado a la intemperie. Los tomates van creciendo despacio, siguen verdes pero verde esta también el despertar del día, aunque nos quieran engañar diciéndonos que hay una marea azul en esta Semana Grande capitalina.
La foto del gorila y el guarda forestal es otro desperdicio que mi síndrome de Diógenes no me deja sacar de mis vísceras. Día de sol y fiesta de ricos es lo que hoy nos espera. Algún fuego entre la maleza y quién sabe si quizá las buenas intenciones puedan existir por estos lares.

jueves, 19 de julio de 2012

Diario de un cubo de basura


Se cierran unas puertas y se abren otras. Se lo decimos por activa y por pasiva al ruso y la negra. Intentado ajustar las piezas en sus cabecitas estamos estos días. Que si hermanos unos, que si ahora soy tu primo, que si tu madre es esta o la otra. No hay poesía mayor que este puzle inabarcable. Resulta extraña la hora del recogimiento, cuartos oscuros ocupados por respiradotas transparentes. La memoria y el anhelo del futuro se deslizan por ese tobogán que es el aire entre los labios. Nosotros seguimos mirando por la ventana, esperando que no pase. Sabemos que pasará, pero nos da lo mismo, esperamos que no pase. Llevamos al ruso y a la negra a la playa en un día de norte revolucionado. Cogimos frío pero no hay mayor sensación de plenitud del frío en el regazo de esta suerte. Ahora la lucha por la honestidad, por la justicia que uno no encuentra pero sabe que si no existe se ha de crear. Ahora toca el golpe en la mesa, cerrar la oficina con la cabeza alta. Para que luego puedan mirarte a la cara y lo sueñen estos críos de arcilla que esperan no ser cocidos nunca en un horno de ideales. Nosotros, te digo, seguimos mirando por la ventana, esperando que no pase el camión de la basura con sus bidones de reciclaje.

miércoles, 18 de julio de 2012

Diario de un cubo de basura


Dale gas cuando te levantes. La cama sin hacer y los olores de los cuerpos descansados. Esa leche que humea en los tazones sobre la mesa de la cocina, el cacao el polvo que espera su turno en los estantes, y el polvo de las estanterías. Dale gas. Dale gas al baño sucio de toda la semana. La terraza con olores a tomates y flores silvestres. Las pieles que el sol quemó ayer en San Juan de la Canal entre gritos de críos y olas que no acaban de despedirse. Dale gas. Dale gas en esta mañana, en este futuro que se pelea por su sitio. En este descanso me recreo, entre idiomas desconocidos y los críos desayunando bajo la luz artificial de sus afueras. La chica de los sueños en el trabajo sindical con la lencería de otro día, los planes de una familia que esperan el camión de la basura cuando todo se decante. Dale gas,dale gas ahora que nadie mira y nos creemos invencibles.

miércoles, 11 de julio de 2012

Diario de un cubo de basura

Hoy llueve de nuevo, de esos días grises que mueren en el intento por alcanzar alguna nota suave en medio de la tormenta. Sangre en la nariz y huecos en las primeras horas de la mañana. Sigo con la esperanza de encontrar respuestas entre los acordes de esta noche, de reconciliar lo ya reconciliado con un futuro que no existe. Lo que quede que quede, lo que se vaya que no vuelva. Todo así de claro, caravanas de feriantes en horas de la noche no aptas para gente decente. Fotografías de gitanos rubios en medio de la nada. Cursos de cocina y móviles aptos para una coartada perfecta, para asesinar al que explota entre susurros.
Hoy toca Dylan y algo raro se atisba en la cara de los nuestros.

martes, 10 de julio de 2012

Diario de un cubo de basura

Es un descanso eso de ver el sol, de sentir las nubes remolonear sobre una piscina azul como el cielo luminoso. De nuevo hay un Chanquete, el ruso no conoce el mito pero lo ha vivido estos días. Glor es de otra manera, más pequeña, más tremenda, más patrón de barco que ninguno de nosotros. Chapotea en la piscina como los sueños lo hacen sobre las almohadas. Disfruta de la comida a destiempo, de los cercados consejos imperativos de una mujer de las afueras. Es mujer de las afueras que pinta sus ladrillos de bajos comerciales con lucha sin batalla. Me fijo en las habitaciones claustrofóbicas de la cabaña y en realidad es otro basurero, pero huele de otra manera, la luz de otra manera, el amor de otra manera, la crianza de otra manera, a otra manera huele el abrazo y el jolgorio de dos críos en el asiento de atrás de un coche.

Los días pasan rápido, y el sol de nuevo adolece de ternuras, se esconde según el norte se acerca, ronroneos de un pasado desgastado por el uso.