lunes, 6 de agosto de 2012

Diario de un cubo de basura


Hay algo melancólico en las montañas que uno mira justo delante de sus ojos mientras bebe una cerveza helada. Los niños juegan perdidos entre las calles del pueblo. Se oyen sus voces lejanas entre las cuadras y las alpacas que se van secando al sol. Te imaginas como van pasando los días y vas dejando poquito a poco de vivir. Aspiras a algo que parece un sueño inalcanzable mientras muerdes una manzana y un amigo sufre con las brasas de la barbacoa. Es extraña la mente cuando vaga sola por los parajes del deseo y la duda. Es extraña también la manera que tienen los pájaros de trazar sus vidas en el cielo. Los buitres esperando un pedazo de muerte, las golondrinas escarbando en sus migraciones una miga de vida. En el mismo relámpago descansan las duermevelas y las pesadillas. En el mismo relámpago vagamos todos nosotros.

viernes, 3 de agosto de 2012

Diario de un cubo de basura


A veces, ¿no te das cuenta, de que todo lo que nos rodea ya se ha ido? A veces, solo a veces, merece la pena escribir un poema y sentirse poeta por un día. A veces, también merece la pena besar mejillas negras y caucásicas, mejillas desconocidas que se llevará en cualquier momento, la noche.

Diario de un cubo de basura


In the summertime, en esos tiempos de bonanza del espíritu y de sexos sudorosos en medio de la nada. Los parques que florecen y las pistolas del invierno guardadas en las cartucheras. Los paseos entre el gentío, la cerveza del supermercado, el helado que gotea entre tus manos, los animales en los descampados esperando a los feriantes. Eran los aviones despedidas improvisadas, las playas encerraban presos que huyeron del Otoño. Eran mañanas de coladas y olor a judías. Campings de paso en pueblos desiertos, piscinas azuladas y cielos que olían a cloro. Dylan era joven y no sabíamos de su paradero. Eran los trenes compañeros de manzanas que maduraban en el paseo. El sueño del adolescente y la pesadilla de los suspensos universitarios. Los días pasaban igual que pasan los patos en los estanques, estíos que simulaban canciones rusas del siglo XIX. Lo sientes igual que yo en estos días, sentados en la terraza, con el vino en la copa, las anchoas y las patatas fritas. Estamos lejos de aquellas pesadillas que para nosotros eran cuentos infantiles, la cuesta que te hace sudar, la barandilla oxidada que teníamos que agarrar para no caernos al mar. Había yates y barquitas perdidas en la bahía, y también muchas parejas como nosotros, en víspera de la nada. Fueron buenos veranos y siguieron los Otoños igual de buenos. Pero no es lo mismo, los otoños lloran cuando se cortan las uñas mientras que los veranos se ríen esperando un esmalte rosa, o rojo.   In the summertime, oh, oh, in the summertime..in the summertime… when you were with me.

Diario de un cubo de basura


Los dejamos esperando al camión de la basura. El sol se ponía justo detrás del colegio. Iban poquito a poco desapareciendo los coches, el tráfico se fue convirtiendo en manzana y los árboles florecían. Las ventanas de los edificios cercanos se iluminaban y había caras felices. La vieja del edificio gris de hormigón enseñaba los dientes y el joven pajillero del piso de estudiantes se escalofriaba pensando en chicas guapas de la universidad. Hasta mi perrito lindo movía la cola aunque ya moverse empieza a ser un reto considerable. Me lamía la mano y yo acariciaba su cabeza mientras pensaba en los once años que nos ha acompañado y lo mucho que ha hecho por nosotros. El camión de la basura seguía sin llegar y la avenida se iba quedando desierta. El quiosco ofendía con sus revistas porno, con chicas tocándoselo todo entre lencerías poco menos que imposibles. El ruso no quitaba ojo y yo con él. El ocaso de un día cualquiera es el ocaso de toda una vida, el paso de un tiempo que no se recicla, que ni siquiera lanzado al espacio deja de contaminar nuestros pies, nuestras caras de motoristas despistados golpeadas por un viento urgente de cambio.

Los dejamos esperando al camión de la basura, y la negra comenzó a llorar sabiendo que una vez estuvo allí, en los restos del naufragio sin esperanza de alcanzar la costa.

jueves, 2 de agosto de 2012

Diario de un cubo de basura


No son mis pies los que hoy se hunden. Tampoco son mis manos las que desgarran camisetas. Mis ojos no se entornan ni lagrimean, hoy. No son mis rodillas las que tiemblan, ni mi corazón el que bombea hilos de rabia para coser heridas. No es mi bigote el que se mueve con espasmos nerviosos, ni mi pelo se cae a manojos por la desesperanza. No es sangre de mi nariz esa que gotea en el asfalto, ni el sudor agrio de la derrota abrillanta mi espalda. No es nada de eso en esta tarde de verano, ante esta luz que a su manera nos da una tregua. Llegarán otras lluvias que arrastrarán entonces los restos del prodigio, y serán mis pies huellas perdidas, mis manos uñas sin filo, mis rodillas hierbajos del camino. Será mi corazón cuando ocurra el rojo sin el resto de témperas que robarán la sangre fresca a mi herida desierta. Mi bigote dejará de crecer sereno para dar paso a las calvas, y la luz prodigiosa será crepúsculo de masas, y todo estará perdido entonces, y los cazadores dispuestos a abatir los restos del naufragio.

Diario de un cubo de basura


Como un canto rodado los días pasan. Esquivas los baches, los socavones de una carretera que te lleva a nuevos destinos. Si intentas desprenderte de las maletas, no puedes. Quisieras que el maletero oliera a jazmines y plantas silvestres, sin embargo, es el olor de zapatillas usadas lo que más notas cuando bajas la ventanilla. En otros tiempos, ¿recuerdas?, estaban vacíos los asientos traseros, limpios e impolutos, perfectamente homologados. Ahora son de otra manera, como la llave de una puerta antigua, buscan su sitio. Peter Pan no fue capaz de superar aquello. Parece que ha de ser complicado comprometerse a no envejecer y ver como las arrugas aparecen cuando menos te lo esperas, y poquito a poco, dándole gas, mis críos se van arrugando igualmente, como uvas pasas que aspiran a una Nochevieja reservada a las uvas tersas, verdes como la juventud alguna vez lo fue.
Como un canto rodado pasan los días. Como un canto rodado, con nada que perder, dime, ¿qué se siente? Calles vacías y destinos imposibles, agua y aceite, vivir y sobrevivir al milagro.