No te darás demasiada cuenta cuando pase,
entre las mesas y despachos vacios se irá acomodando
tu extrañeza, se hará un hueco y descansará
hasta que las puertas nuevamente se abran,
entrarán por todos los flancos de tu vista
becarios recordando a Jaime Gil de Biedma,
con la vida por delante en cada paso mientras
la nuestra se debe a lo vivido, y la dejaremos
en cualquier vereda alquitranada.
Te imagino incrédula buscando alguna explicación
al fenómeno, quizás oigamos ecos
de risas y llantos, de jóvenes que procreaban
creyendo en la mentira de la mezcla
de caricias y los cierres del año en positivo.
Me mirarás seguro a los ojos en busca
de la tinta que se perdió por curiosear
en las actas de reuniones y en reservas de viajes.
Te diré algo del vértigo y de la aspiración
de los aviones por viajar al centro de la tierra,
pero sabremos que no seremos aquellos del café
templado, nos sentiremos ajenos de envidia
husmeando erguidos y orgullosos la carne fresca
de los nuevos, hasta desear hincar
el diente en sus labios hidratados por la indiferencia
del tiempo, que por unos momentos
los evita.
Hace 10 años
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