lunes, 8 de noviembre de 2010

Reconstrucción(XVIII)

Se abre un libro con las manos temblorosas, esperando simplemente que lo que viene a continuación sea algo doloroso, muy lejano de las verborreas interminables que puede uno encontrar en cualquier rincón de los vagones de un metro o junto a enciclopedias decorativas.

Se abre un libro oliendo sus lienzos caligráficos, esnifando la tinta mientras uno se sirve una copa y enciende un cigarro en la soledad del estudio. Iniciático proceder de lectores que no buscan la aventura ni matar el tiempo, moribunda costumbre que siempre busca las respuestas imperecederas.

Se abre un libro junto al sexo oral, en busca de la víscera, de los tocamientos impuros, del escalofrío, del aburrimiento necesario, sin querer dar con la clave de lo que no se puede explicar, se abre un libro.

Se abre un libro con el único ánimo de encontrar lo verdadero, lo irreverente, lo que duele y quema, lo que hace desmoronar el pensamiento único, lo que aterra a las gentes decentes, lo que decentemente entierra lo que no hace falta. De buenas a primeras, jugándose uno la vida, se abre un libro.

Se abre un libro sabiendo que después de su lectura, uno no será capaz de volver todo el camino recorrido.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Horizonte Ceniza (XL)

No hay aperitivos más amargos que los que saben a dinero.

Reconstrucción (XVII)

Se baña uno desafiando las olas y los adioses, con la arrogancia suficiente para que nadie nos diga nada, haciendo esfuerzos, pues nada es fácil, por encontrar alguna concha, algún vestigio de miles de años pasados. Con la entereza del que que sobrevive uno se baña.

Se baña uno fijando sus esfuerzos en el barco lejano, sin apenas dudar del éxito de la campaña, aunque el estilo no sea el más perfecto, aunque los silbidos de las gaviotas no entonen melodías, así se baña uno.

Se baña uno con la impertinencia debajo del bañador, para desefundar con desespero la calma salada de los mares que se encuentran al fondo de un escritorio, de una palmera, de una sombrilla.

Se baña uno y seguidamente se desnuda ante los sorprendidos ojos de los turistas.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Reconstrucción (XVI)

Se pasea desde la atalaya, esto es, sin mirar hacia abajo mirando hacia abajo, sin fijar la vista en las miradas mientras fijas la vista en las miradas, sin hacer caso a los semáforos haciendo caso a los semáforos.

Se pasea calculando la distancia sin calcular la distancia, danzando músicas tribales sin que nadie se entere, ajustando la curiosidad en las ventanas encendidas sin ser curioso. De esta manera se pasea.

Se pasea en medio de la noche cuando es de día, a plena luz del sol cuando es de noche, recordando los carteles publicitarios sin recordarlos, malviviendo las horas en el deleite del avance hacia el destino.

Se pasea siendo certero cuando la puntería te abandona.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Horizonte Ceniza (XXXIX)

La conciencia de la propia mortalidad de uno cobra forma cuando alguien que parte en sus mismas condiciones muere.

Reconstrucción (XV)

Se contempla sin el ánimo de querer encontrar las respuestas que en algún lugar se esconden. Desde los principios que no han de regir los actos ni las conclusiones. Fijándose en los paisajes hasta en el mínimo detalle, se contempla.

Se contempla como plagas que se extienden en los años, con ese peculiar rastro de lo que uno ve, para poder ser seguidos por todo aquél que quiere algo de emoción entre el pragmatismo imperante. Sin ese olvido tan característico del marchitar de las hojas cuando se aproximan al otoño, se contempla.

Se contempla con la experiencia del artista que quiso pasar a la historia y sólo pudo quedarse con los detalles del viaje.