martes, 27 de septiembre de 2011

Escupiendo editoriales (IX)

¿Te acuerdas de ese día caluroso en la playa
desierta, el descubrimiento de unas huellas
y nuestra sensación de no encontrar caminos?
Éramos jóvenes y nos queríamos como sólo
los jóvenes se quieren, con el hambre en el estómago
y la dicha en el bolsillo. La pobreza
de los pocos años, me decías, necesitamos
buscar refugios para pasar la noche, nos reíamos
creyéndonos despojos de un recuerdo
futuro y nos cogíamos la mano. Sueño
a veces con las marcas en la arena húmeda
y voy sintiendo lo que no nos atrevimos a sentir
entonces, esto es, sentir las piernas y sus
temblores, la fiesta que se acaba, el bajo
de la orquesta envidiando las guitarras,
en definitiva, lo que han de sentir los huecos
empolvados de casas abandonadas
en descampados, que no hay huella capaz
de traspasar sus límites territoriales.

Escupiendo editoriales (VIII)

Los teníamos rodeados, muertos
de miedo esperando un movimiento
que les dejara maltrechos sobre el descampado.
Se morían de cansancio pero mantenían
erguida la cabeza intentando alcanzar las alturas.
No fueron cobardes,
los teníamos rodeados justo antes del estruendo
que resultó ser la vida resumida
en las palabras que nos llevan.

Escupiendo editoriales (VII)

Las cristaleras del deseo responden
a los brillos de luz de las afueras
con la humedad de las alfombras
de los despachos abandonados
a su suerte,
en las últimas horas del día.
Las cristaleras de las enfermedades venéreas,
como fueron los adoquines
de las calles céntricas de la ciudad
cuando tú y yo nos conocimos
que buscan con desesperanza droguerías.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Escupiendo Editoriales (VI)

Owen
Las estanterías repletas de libros
son las ventanas abiertas de una casa
de campo donde la infancia alguna vez
tuvo su sitio. Dime dónde los quinceañeros
dejaron el rastro
de un amor, de una esperanza imberbe,
toda esa mezcla de las altas voces
de madrugada
y de aspiraciones a conquistar pelos
lacios y rubios de verbenas.
Son la ventana donde hoy me postro
en esta tarde cercana al estío,
negras como tú cuando las estanterías
estaban vacías y despertabas de tu sueño.
Eras firme ante los cambiantes vientos
del inicio de un verano, de promesas
rotas como la canción primera
que compuse, estabas en el cuarto
de invitados y eras un extraño
y nosotros unos niños.
Sabes que el recuerdo campa a sus anchas
y de repente ofende con la luz
de otra manera a como lució
en esos patios de provincias con balones
y siestas que a partes iguales
nos enseñaron dónde las razas empiezan
y terminan. Dejaste unos versos
que son hoy presente en nuestro
olvido, y llamadas puntuales
que escalofrían los peldaños
de la escalera que seguimos escalando.
Y luego las terrazas, las risotadas
postreras, la tristeza
cuando la alegría nos traslada
a tus pelos indomables y tu estante
reservado por si vuelves.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Escupiendo Editoriales (V)

Los puentes de diseño no llevan a ninguna parte,
lo sabes pero no lo dices
porque prefieres el vocablo inglés
que hace elegante la queja, pero te creo
hoy entre botellas de cerveza
y zarzaparrilla.
No quitas ojo al viejo de la mesa del fondo
bajo la foto de la ciudad incendiada,
es lo blanco, dices, de las cimas del tiempo,
y nos reímos.
A veces, es cierto, te pones serio
y no quieres saber nada de lo nuestro
que no somos nosotros. El viejo con
su blues, al final lo anglosajón
en tu mirada sigue intacto, hace ovillos
al son del tintineo de los vasos,
supongo que los vasos vacíos son mares
esperando un tsunami, y así
te lo digo secretamente al oído. Te ríes
y te recuestas sobre la mesa
marmórea y manchas las coderas con tiempos
de universidad y juegos de cartas.
Los puentes de diseño no llevan a ninguna parte,
ni tan siquiera a este bar de las afueras
donde se emborracha lo que pasa y se aleja,
y nos llama por el nombre.

Escupiendo editoriales (IV)

No quieres saber nada de la gente cuando
te pones de esa manera tan rara. Los canarios
en sus jaulas acaban cantando himnos
que te sabes de memoria. Evitas el cine
en blanco y negro porque tienes suficiente,
supongo que en eso consiste
un paseo por la ciudad y el olor a orillas
esperando las olas que con espuma decoran
tus pasos. Y si hablamos del encuentro
con desgana me corriges, y pides un pan
de media cocción y te acurrucas
en las tiendas que van liquidando con parsimonia,
sus dominios